lunes, 17 de enero de 2011

Capítulo 23 - Viernes 22 de Diciembre del 2006

Tengo 32 años y sigo viviendo en Vigo, el trabajo de detective nunca volvió a complicarse tanto como con aquel mi primer caso. La ciudad es tranquila y apenas suceden cosas como aquella.

El padre Eneas está en Madrid, lleva en la cárcel de Carabanchel desde que fue declarado culpable en juicio el martes 23 de Septiembre de 1997, y permanecerá allí hasta el año 2015, en el que será trasladado a un monasterio de clausura en Lugo.

Jordi fue puesto en libertad el Viernes 19 de Septiembre de 1997. Se le consiguió un empleo en la cadena de una fábrica de automóviles donde sigue trabajando hoy en día. Jordi se casó hace dos años y tiene una hija, su nombre es Laura.

En fin debo levantarme porque Raquel, mi mujer quiere que ponga la mesa. Hoy vienen a comer el jefe Gutiérrez, Vallejo y Lidia.

Jamás ninguno de nosotros olvidará los meses de Agosto y Septiembre de 2005.

lunes, 10 de enero de 2011

Capítulo 22 - Jueves 22 de Septiembre

A las 11 de la mañana entregué dos folios con preguntas al especialista en interrogatorios que habían mandado de Madrid. Jorge Santafé era un psicólogo de gran reputación que se había enfrentado dialécticamente con los grandes asesinos de los últimos diez años en España y el resto de Europa.

Detrás de un falso espejo, el jefe Gutiérrez, Vallejo y yo escuchamos el interrogatorio.
- Muy bien, ¿Cuál es su nombre?
- Jordi Hernández Pau
- Oh, somos tocallos.¿Edad?
- 28 años
- ¿Lugar de nacimiento?
- Gerona
- Dígame los motivos por los que vino usted a Vigo.
- Por trabajo – respondió Jordi bajando la cabeza
- ¿Está usted seguro?
- Si, claro que lo estoy –contestó molesto.
- ¿Porqué mató a las chicas?
- ¡Yo no he matado a nadie!
- Pero Laura murió porque decidió abortar el hijo que llevaba dentro, y ese hijo era suyo.
- Si, el niño era mío. Pero ella abortó porque la presionaron sus padres. Yo quería que tuviera el bebé y que fuéramos una familia.
- Claro, y por eso la mató.
Jordi bajo la voz como si un cansancio enorme no le permitiese extraer más aire de sus pulmones y dijo:
No me van a creer ¿verdad?. Diga lo que diga no me van a creer. Los tipos como yo siempre acabamos así, para nosotros no hay otra alternativa.

Jorge salió de la sala que por su color y sencillez parecía la habitación de un hospital y se dirigió al cuarto de al lado donde estábamos esperando ansiosos por saber qué conclusiones había sacado de su, sorprendentemente, escueta charla.

El psicólogo abrió la puerta con cara de preocupación y nos dijo:
- Esta persona está muy cansada, ha viajado toda la noche y apenas ha dormido en los últimos días. Seguiremos el interrogatorio por la tarde.

Giró sobre sus talones y salió de la habitación, pero antes de cerrar la puerta dijo: - Esta tarde lo confirmaré, pero creo que se han equivocado de hombre.

Gutiérrez y Vallejo parecían tranquilos a pesar de lo que acababan de escuchar, sin embargo, a mí me inquietaba muchísimo haber condenado públicamente a un hombre inocente.

Me fui a comer solo, intentando controlar mi nerviosismo y relajarme un poco. Antes de ir a la comisaría decidí dar un largo paseo, que me llevó, sin darme cuenta, a las puertas de la iglesia del padre Eneas. Entré por una pequeña puerta de madera recortada en otra del mismo material, pero de gran altura. Nunca me había interesado el arte, pero me parecía una iglesia de perfil románico.

Dos filas de grandes asientos se extendían de atrás a adelante y una enorme imagen de Jesucristo coronaba la escena.

El lugar estaba desierto, así que decidí sentarme y disfrutar del silencio y del olor a incienso quemado. Nunca me habían gustado las misas con ese continuo levantarse y sentarse y repetir siempre lo mismo hasta que llegaba un momento en que tan sólo eran palabras que se decían por inercia. Sin embargo siempre había disfrutado de la iglesia vacía, del ambiente de espiritualidad y recogimiento que se siente.
-¿Buenas tardes?
Me levanté sobresaltado y me giré para ver al padre Eneas que se había acercado silenciosamente por detrás. Mientras intentaba saber si mi corazón seguía en el sitio le contesté.
- La verdad es que no muy buenos padre. Hemos cogido al presunto asesino de las chicas, pero ahora no estoy tan seguro de que sea él.
- Hijo mío, dudar es de sabios, pero El Señor está siempre a nuestro lado dirigiéndonos, dándonos señales para que tomemos el camino correcto. Escucha a El Señor y no te equivocaras.

La voz del padre Eneas me volvió a reconfortar. Empecé a pensar de la posibilidad de escuchar alguna de sus misas.
- Gracias padre, sus palabras hacen que me sienta mejor.
- Me alegro- respondió con un ligera sonrisa en los labios. – Ahora debo irme, los lunes y los jueves ayudo en una asociación de niños autistas.
- Buenas tardes y gracias- le dije al padre mientras vi como se alejaba.

Me quedé sentado en el banco y sentí una corriente de aire cuando el padre abrió la pequeña puerta, así que metí las manos en los bolsillos de mi cazadora y toqué algo. Saqué un sobre, en el estaban las fotos del asesinato de la tercera víctima. Allí estaba, indefensa y sorprendida. Y allí estaban las letras “DIC”. Según todos los indicios se refería al whisky que bebía con asiduidad Jordi, pero esa hipótesis sólo tenía peso en la cabeza de los jefazos que obligaban a Gutiérrez a cerrar el caso lo antes posible, aunque fuera con un cabeza de turco. A esta gente, la de las altas esferas, no les importa el bienestar del ciudadano, sólo quieren dar una imagen de solvencia para continuar en sus cómodos sillones.

¿Qué era realmente DIC?. Me dejé caer sobre el respaldo y diciendo: - Ayúdame Jesús, Ayúdame señor…- sentí que el sueño de la sobremesa me vencía.

Me desperté embriagado por el olor a incienso y al mirar el reloj me di cuenta de que llegaba tarde al interrogatorio, así que recogí las fotos que se habían caído quedando esparcidas por el suelo.

Salí de la iglesia corriendo por el pasillo central mientras me santiguaba cumpliendo el rito sagrado y diciendo: - ayúdame Jesús, ayúdame Señor, ayúdame Dios.- entonces una sensación extraña recorrió mi cuerpo y me giré para ver la imagen que se alzaba omnipotente frente a mis ojos. Mi mente y mi alma se estremecieron mientras mi voz temblaba diciendo: - ¡no puede ser!

Al llegar a la comisaría me encontré con el jefe Gutiérrez que me dijo - ¿por qué llegas tan tarde?, acaban de llegar los jefazos de Madrid para escuchar el resto del interrogatorio y hablar contigo sobre el caso y el acusado.
- Ahora no puedo acudir al interrogatorio señor, debo…-
Sin dejarme terminar de hablar el jefe me dijo- cualquier cosa puede esperar, vamos a la sala de interrogatorios inmediatamente,
-Pero…
- Sam es una orden – dijo Gutiérrez mientras señalaba con el dedo el pasillo por el que debíamos ir.

-Buenos días caballeros, ¿un café?
Dos hombres, uno de mediana estatura y completamente calvo y otro mas alto y de gran corpulencia esperaban dentro de la sala desde la que, a través del falso espejo, podíamos ver la mesa y la silla vacías de la sala de interrogatorio. Los dos respondieron que no querían tomar nada y que ya habían perdido demasiado tiempo. Es curioso que los jefazos de Madrid vistieran todos de la misma manera, con trajes de colores oscuros, camisa blanca y abrigo hasta los tobillos a pesar de las temperaturas de la época.
- Este es Samuel Durán, el teniente encargado del caso.
El pequeño contestó con cara de incredulidad- un tanto joven para un caso de estas dimensiones, ¿no es cierto Gutiérrez?-
- Sí señor, las circunstancias nos han llevado a poner en las manos del teniente esta investigación.
- De acuerdo- dijo el más alto- empecemos-

Unos segundos más tarde entraba en la sala de interrogatorios Jordi, escoltado por dos policías de uniforme, y Jorge Santafé.
- Espero que haya descansado y comido bien- dijo el psicólogo
- Sí, gracias – dijo Jordi con desconfianza.
- Está bien, sigamos. ¿Dónde estuvo usted el 15 de Agosto entre las 21:00 h y las 00:00h?
- Ese fue el día que mataron a Laura.- me pareció que una lágrima resbalaba por su mejilla- Estaba en el bar que hay frente a mi casa, con unos amigos jugando a las cartas.
- ¿Hay alguna persona que pueda confirmar eso?
- Sí, mis amigos y la dueña del bar. Me conoce bien.
Gutiérrez se giró hacia mí y me dijo- debe comprobar eso inmediatamente.
- Pero…- intenté captar su atención
- Shhhh, silencio – dijeron los jefazos alunísono.
- ¿Entonces usted no odiaba a Laura por abortar?- Jorge le daba una vuelta de tornillo al interrogatorio.
- Sí, la odiaba y odiaba a su familia por convencerla de que aquello era lo mejor para ella, pero no la mate.¡Lo juro!.
- Espere un momento aquí por favor- dijo Jorge mientras se dirigía a la puerta.

Un momento después entraba en la sala en la estabamos nosotros.
- Siempre es difícil decirlo con seguridad, pero este hombre no muestra ninguna de las reacciones normales de un asesino. Es cierto que los asesinos en serie son más complicados y que suelen sufrir fuertes patologías psicológicas que pueden llegar a hacer que se crean todo lo que dicen, pero éste no parece ser el caso.

Sonó mi móvil y pidiendo perdón me alejé a una esquina de la habitación.
- ¿Diga?
- Hola guapo.
- Hola Raquel- ella y yo habíamos hecho migas en las últimas semanas. Me imagino que tantas horas trabajando codo a codo engendran cariño.
- Estoy recibiendo un fax para ti.
- ¿De qué es?- pregunté ansioso.
- Es de la clínica de…- colgué el teléfono y pidiendo disculpas al jefe Gutiérrez y a los demás salí corriendo.

Cuando llegué a la mesa de Raquel ella me esperaba sosteniendo una larga hoja de papel continuo que acababa de arrancar del fax. Cogí la hoja dando las gracias a mi secretaria favorita con un gesto. Comencé a repasar la lista de empleados del sanatorio en el último año y, no me lo podía creer, allí estaba.

Me dejé caer en la silla que había frente a la mesa de Raquel y todo empezó a encajar en mi cabeza.
Dic no era una palabra completa, sino que aquella chica quería escribir Dios y murió antes de conseguirlo. La última víctima no quería la extremaunción , quería decir que su asesino había sido un cura. El padre Eneas dijo que atendía a los niños autistas los lunes y los jueves, sin embargo la última víctima murió el lunes 8 de septiembre y él estaba allí.
El padre llevaba dos años trabajando en la clínica como apoyo psicológico para enfermos terminales y, tenía acceso a los expedientes de todos los pacientes.
Pero porqué, a pesar de que la iglesia se opusiera al aborto, el padre Eneas parecía un clérigo abierto y bondadoso, no la clase de hombre que puede asesinar a alguien a sangre fría.

Raquel se había levantado y detrás de mí me abrazaba preocupada. Sentí que aquel cálido gesto me reconfortaba, pero enseguida algo me devolvió la inquietud. ¿A dónde iba el padre cuando salió de la iglesia?.

Me levanté y pedí a Raquel que llamara al hospital para pedir la lista de las últimas mujeres que habían abortado en la clínica y que adjuntaran también sus direcciones. Yo me fui corriendo a coger el coche y en el hall de la comisaría me encontré con Gutiérrez y los jefes de Madrid y les dije- Suelten Jordi, es inocente.- El jefe se quedó estupefacto y, no sé muy bien que contó a los de Madrid en aquel momento.

Mi monovolumen dejó el incógnito y la sirena comenzó a sonar mientras una luz en el techo y otra en el salpicadero avisaban a los coches que se me ponían en medio.

Tardé diez minutos escasos en llegar a la clínica y allí estaba la misma señorita que me había atendido unos días antes sosteniendo las hojas en el aire. Sin terciar palabra me puse a revisar la lista, allí estaban todas las víctimas. Había otros nombres después del de la última mujer asesinada, pero yo sabía que debía buscar a una que viviera en una zona acomodada de la ciudad, una que no tuviera problemas económicos para criar un bebé y darle un vida y una educación digna. Y allí estaba, Lidia Rivero. Vivía en la costa, en Cabo Estay, una zona de chalets y apartamentos de lujo.

La carretera estaba infestada de coches, eran las 8 de la tarde y había mucha gente que al salir del trabajo iba a la playa a disfrutar de los últimos rayos de sol, a pasear o a tomar algo a una de las terrazas que se podían encontrar en las playas. La sirena no ayudaba mucho, pero al final llegué.

Era un chalet de dos pisos con una alta verja rodeándolo, parecía que no hubiera nadie y no podía esperar por una orden de registro, así que acerqué el monovolumen y subiéndome al trecho conseguí saltar la cerca. Seguía sin escuchar nada, así que fui a la parte trasera de la casa. Todo parecía en orden excepto que la puerta del garaje estaba abierta. Entré procurando no hacer ruido, había un coche pequeño de línea deportiva y descapotable. Entonces escuché un pequeño ruido. Había una puerta abierta que trasteaba por efecto del viento. Al acercarme descubrí que la puerta accedía a la casa. Antes de entrar metía la mano en el interior de mi cazadora y saqué el arma, no sabía si iba a tener el valor de usarla llegado el momento, pero el tener que disparar a un cura me causaba mayor inseguridad.

Escuché un forcejeo en la planta superior y mientras subía sigilosamente las escaleras se oyó un golpe sordo y luego un inquietante silencio. La puerta de la que salía el ruido estaba ligeramente entornada. Con la pistola en la mano derecha y el cuerpo pegado a la pared, usé la izquierda para abrir la puerta. La puerta quedó abierta y no se escuchó nada. Siempre que había pensado en el día en que me encontrara en esta situación, había pensado que el malo estaría detrás de la puerta esperando con un objeto contundente en alto. Y así fue, el padre estaba detrás de la puerta, empujó con fuerza y mi cuerpo salió despedido contra la barandilla que me salvó de una caída de unos cuatro metros hasta el piso inferior. Me quedé aturdido y la pistola se me cayó al suelo, pero tuve poco tiempo para pensar porque el padre estaba sobre mí sacudiéndome en la cara con la tenacidad de un perro que defiende a su amo.
- ¿Porqué has tenido que seguir investigando?- gritaba sin dejar de pegarme.
Le agarré las manos durante un instante y mi subconsciente realizó una pregunta que hacía días que me martilleaba la cabeza pero que nunca había expresado en alto -¿por qué no me mató?¿Por qué?.
La cara de Eneas cambió y me dijo: - tú no has hecho nada, no has cortado ninguna raíz antes de que la planta naciera. Estas personas disponen del mejor abono y del agua más cristalina, y sin embargo destrozaron la raíz más preciosa que el señor ha creado, la raíz de la vida. Pero ahora tu estás en medio, te has puesto del lado de los asesinos.

Aproveché ese momento de pausa para asestar un golpe en el estómago al padre, que cayó al suelo sin respiración. Me quedé sentado, apoyado en la valla junto a él mientras escuchaba las sirenas y la chica se erguía dentro de la habitación con cara de pánico y estupefacción.
La miré a los ojos y le dije – tranquila, ya pasó todo-.

Unos segundos más tarde la casa estaba infestada de policías. Mientras unos esposaban al párroco, otros sacaban a la chica de la habitación que me miraba fijamente. Sus ojos me decían gracias, de una manera tan sincera que todavía hoy no los he olvidado.

Cuando se llevaban al padre Eneas, dijo unas palabras, con la voz rasgada y desafinada de un loco en busca de algo con que agarrarse a la cordura. Unas palabras que todavía escucho en mi cerebro todas las noches antes de dormir: “Las aguas del Nilo se tiñeron de sangre; pero el río las guardó en su seno para vomitarlas sobre los verdugos cuando llegara la ocasión más propicia”.

Espero que esta frase se haga realidad algún día, aunque no como la interpretó Eneas. Porque en este caso él también era un verdugo.

lunes, 3 de enero de 2011

Capítulo 21 - Miércoles 21 de Septiembre

Me levanté a las cinco de la madrugada empapado en sudor y temblando. Comencé a pensar y mi cabeza funcionaba igual que un disco duro intentando recopilar todos los datos relacionados con un evento determinado. Llegué a una conclusión: el aborto es un tema religioso, por eso una chica que aborta pide la extremaunción, quiere librarse del pecado y entrar en el cielo. No logré conciliar el sueño en el resto de la noche.

Esa mañana era detenido Jordi, lo habían cogido en el sur de Andalucía, creo que en Huelva. A la mañana siguiente estaría en Vigo para ser interrogado. El ambiente en la comisaria era de alivio. La gente trabajaba con más tranquilidad. Parecía que todo ha terminado.

Esa tarde la pasé coordinando el dispositivo especial para recibir al asesino del tatoo.

Me fui a mi casa tarde, cansado y preocupado, todavía faltaba algo y no sabía qué era.

martes, 28 de diciembre de 2010

Capítulo 20 - Martes 20 de Septiembre

Vallejo había regresado y fui a comer con él y con Gutiérrez, les conté todo lo que sabía del caso y que no estaba tan seguro de que Jordi fuera el asesino. Gutiérrez me dijo que de momento era el único sospechoso y que debían seguir buscándolo. Vallejo le dio la razón al jefe y la orden de busca y captura siguió en pie. Le pregunté al jefe si ahora que Vallejo estaba en Vigo, iba a ocuparse del caso. Gutiérrez me dijo que sería un atraso que el teniente Vallejo se tuviera que poner al día en un caso tan complejo y con tantos pequeños detalles. Por tanto seguí al frente de la investigación mientras Vallejo se dedicaba a casos menores y se ponía a mi disposición.

La tarde pasó sin ninguna novedad y volví a notar la tensión. Decidí irme a casa andando y por el camino pensé en que era demasiado joven y demasiado inexperto para afrontar esta investigación. Debía cumplir órdenes, pero Vallejo debía ocuparse del caso. De todos modos agradecía la confianza que el jefe había depositado en mí. También sabía que si lo defraudaba podía ser el final de mi corta carrera y él se ganaría un buen tirón de orejas de Madrid.

Me metí en la cama y leí la Biblia. Me hizo sentirme bien y logré conciliar el sueño.

martes, 21 de diciembre de 2010

Capítulo 19 - Lunes 19 de Septiembre

Con ánimos renovados volví a la investigación. Llamé a las familias de las víctimas para saber en qué sitio habían abortado sus hijas, pero era como si un velo hubiera cubierto sus mentes y no recordaran las conversaciones que tuvimos el viernes anterior. Básicamente me dijeron que no deseaban revolver mas la mierda y que el nombre de sus familias estaba en juego. Algunos de los familiares hasta me hablaron y despidieron de un modo grosero, algo que contrastaba ,pensé irónicamente, con el gran nivel social en el que se movían.

De modo que tuve que investigar cuantos centros en Vigo practicaban abortos. Encontré tres clínicas y, en una de ellas habían abortado todas las víctimas. Fuera quien fuera el asesino era muy posible que estuviera vinculado a aquel sanatorio.

La clínica está situada cerca del estadio de fútbol, es un edificio de cinco plantas con una entrada para ambulancias y otra para la gente. Al entrar me encuentro de frente con una gran mesa circular y una mujer con un vestido blanco que se lima las uñas sentada en una silla giratoria provista de ruedas.
- Buenos días, soy el teniente Samuel Durán y me gustaría obtener cierta información- pregunto mientras muestro la placa.

La mujer alzó la vista y vi que masticaba un chicle mirándome como si la hubiera molestado en medio de una delicada operación.
-¿Qué quiere saber?- me preguntó con desgana mientras agitaba la mano izquierda arriba y abajo para secarse el esmalte.

Saqué la foto de Jordi del bolsillo interior de mi americana y al hacerlo dejé al descubierto durante una fracción de segundo la cartuchera de la que sobresalía mi revolver. Al verlo la mujer se enderezó en el asiento, tiró el chicle y dejo de mover la mano.
- ¿Reconoce a este hombre?- dije mientras alzaba la foto frente a su cara.
- No
- Por favor, fíjese bien.

La mujer cogió la foto y la miró con detenimiento para luego entregármela diciendo: estoy segura, no lo he visto en mi vida.
-¿Cuánto tiempo lleva usted trabajando aquí?
- Catorce años.
- Podría facilitarme una lista de todos los empleados que hayan tenido en el último año.

Respondió afirmativamente, pero dijo que tardaría un par de días en conseguirla, así que le di el número del fax de la oficina y le dije que me la enviase lo antes posible.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Capítulo 18 - Sábado 17 y Domingo 18 de Septiembre

El sábado por la mañana llamé a Gutiérrez y le conté lo sucedido el día anterior. Le expuse todas mis dudas y con voz calmada me dijo que era mejor que me tomara el fin de semana de descanso, que estaba sometido a mucho estrés y que su experiencia le decía que el nerviosismo hace que un detective pierda la perspectiva.-vaya usted al campo Sam. Descanse y respire aire puro. En el estado en que está no nos es útil. El lunes verá las cosas de otra manera. Me pareció que el jefe exageraba y que no le iba a hacer caso, pero antes de colgar dijo:-¡ah! Teniente, es una orden.

Llamé a una oficina de turismo y me recomendaron una casa de turismo rural en Celanova en la provincia de Orense, así que alquilé un coche y me marché esa misma tarde.

Creo que en ningún momento conseguí sacarme de la cabeza el caso, pero el aire puro y el silencio sirvieron para que me relajara.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Capítulo 17 - Viernes 16 de Septiembre

Estaba cerca de firmar mi informe y dar por cerrado el caso. Pero tenía que obtener una confirmación definitiva. La madre de Laura, la primera víctima se había mostrado nerviosa al hablar de Jordi, era el momento de que me contara lo que ocultaba, la pieza que completara el puzzle.

Junto a las palmeras había un jardinero cortando el césped, al verme se fue corriendo en dirección a la casa y unos segundos después salía acompañado de la mujer con la que me había entrevistado hacía unos días. Me saludo cortésmente, y noté que de su mirada emanaba una rabia contenida muy difícil de expresar con palabras.
- Buenos días teniente, pase y siéntese.
Entré en el gran salón y enseguida llegó una muchacha que me ofreció un café. Un poco después estaba sentado frente a frente con la dueña de la casa.
- Así que fue Jordi el que asesinó a mi hija.
- Sí, eso es lo que he deducido de mi investigación.
- Nunca fue bueno para ella, se lo dije y se lo repetí a Laura pero ella no se daba cuenta.- en sus palabras volví a sentir el rencor.
- Quiero que me cuente lo que se ha estado guardando todo este tiempo.
- Le aseguro que no le he ocultado nada- dijo, pero no con la voz de una persona que se siente ofendida, sino con la voz de una persona que se siente amenazada.
Me acerqué a ella y en susurros le dije – Por favor, cuéntemelo.

Ella se recostó en el sillón y vi como aquella mujer cansada se debatía entre decir la verdad o seguir mintiendo para siempre. Por fin sus ojos se cerraron y una lágrima se desprendió de su ojo derecho hasta caer en el vestido. Se inclinó hacia mí, al igual que yo lo había hecho unos segundos antes y me susurró: - Laura se quedó embarazada de Jordi. Lo descubrimos mi marido y yo hace dos meses, ella llevaba tres en estado. Jordi quería tener el niño y ella no sabía bien lo que hacer. La obligamos a abortar y cuando él se enteró decidió marcharse a Brasil porque decía que no era capaz de seguir viviendo en la misma ciudad que ella. Creo que por eso regresó y la mató.

La sorpresa me dejó boquiabierto y comencé a pensar que no era posible que esa situación se hubiera dado con el resto de las víctimas. No sabía muy bien que decir, y para no mostrar indecisión esbocé una pregunta que más salió de mi subconsciente que de mi curiosidad.
- Pero, ¿por qué no lo dijo antes?
- No está lo suficientemente claro. Mi hija estaba soltera e iba a tener un hijo de ese sinvergüenza que además es un asesino. La gente de nuestra clase social no lo entendería, sería una humillación para todo la familia. Tiene que entender que hay cosas que no se pueden hacer de dominio público, y espero que usted sea discreto en este asunto.

Las últimas palabras que dijo las escuché vagamente, ya que mi mente estaba enfrascada en el pensamiento de que cómo era posible que en pleno siglo veintiuno todavía hubiera gente tan retrógrada y superficial.

De vuelta a la comisaría no hacía más que pensar en que si aquella mujer me hubiera contado en un principio todo aquello, las cosas hubieran sido más fáciles. El móvil estaba claro. Lo que no estaba tan claro es que fuera el mismo para todas las víctimas.

Al llegar a jefatura rebusqué entre las fotos de los asesinatos y allí estaba, un pequeño diablo sosteniendo un hacha en lo alto. Todos los tatuajes habían sido hechos en el vientre de las víctimas. Ese era el punto en común de todas ellas, ¡todas habían abortado!. Confirmar esta teoría me llevo varias horas de llamadas a las familias de las otras víctimas, y todas confesaron y expusieron los mismos argumentos que la madre de Laura. Pero había algo que le daba una dimensión distinta al caso, porque Jordi no era el padre en ninguno de los casos.

Me marché a casa agotado y desanimado porque las cosas no estaban tan claras como unas horas antes. Y había una pregunta que me rondaba la cabeza: -si Jordi era el asesino del Tatoo, cómo sabía que todas ellas habían abortado. A la vez la sombra de una duda asomaba a mi mente: -¿y si Jordi no era el asesino?.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Capítulo 16 - Jueves 15 de Septiembre

Esa mañana intenté hablar con el gerente de la discoteca que frecuentaba Jordi, pero su esposa me dijo que estaría ocupado todo el día y que podría localizarlo a partir de las doce de la noche en el local.

El día paso sin más novedades salvo que alguien filtró a la prensa mi nombre como el teniente que llevaba la investigación de los asesinatos y, tuve que entrar y salir de la comisaría por la puerta trasera que daba a un triste callejón en el que sólo se podían encontrar los contenedores de basura y papeles.

Cené a las diez de la noche, sándwich y zumo tropical, ya se sabe, comida de soltero. Después me di una ducha y decidí acicalarme un poco, era la primera vez que iba a una discoteca desde que llegué a Vigo y quién sabe sí…. A las doce y media llegué a la puerta de la discoteca y miré un cartel que decía “Fiesta universitaria principio de curso”, la decepción me invadió hasta que entré, previo pago de la consumición, y vi que los universitarios y universitarias cada vez tienen mayor edad. Me arrimé a la barra y le pregunté al camarero:
- ¿Has visto a Jordi por aquí?
- No, soy nuevo llevo una semana trabajando. ¿Quieres tomar algo o no?.
- Ponme un Jack Daniels con hielo y quiero hablar con el gerente– dije mientras metía la mano en mi bolsillo para sacar la placa y mostrársela al chaval.

Siempre me había desagradado la superioridad con que los policías muestran la placa, pero ahora que era yo el que la tenía, le estaba cogiendo el gustillo.

Minutos después un hombre de unos treinta y cinco años se me acercó diciendo: - Usted es el que habló esta mañana con mi mujer. Le puedo asegurar que todo está en regla.
- No tengo la menor duda de que lleva usted el local con legalidad. Quiero preguntarle por esta persona- dije mientras le mostraba la foto de Jordi.
- Sabía que alguien vendría a preguntar por él, lo he visto en los periódicos y en la televisión.

Me entraron ganas de saltar por la pista de baile gritando “Eureka”, pero decidí que mi excitación no debía salir al exterior, al menos no en aquel momento.
- ¿Así que le conoce?
- Sí, es Jordi. Solía venir mucho a la discoteca, pero le prohibí la entrada por que amenazaba a los camareros si no le servían las copas gratis. Cuando le dije que no podía entrar más, se puso furioso y me amenazó de muerte. Pensé que era la frase de un chaval embriagado por el alcohol y por la música, pero ya veo que no era así. Mi mujer y yo estamos muy preocupados por lo que nos pueda ocurrir, además tenemos un hijo con diez meses sabe y ….
- Tranquilo, lo encontraremos y usted y su familia no tendrán que preocuparse más. Por cierto otra pregunta ¿vio alguna vez a Jordi con alguna de las víctimas?
- No, apenas me relaciono con la clientela y mis camareros tampoco lo hacen porque cada mes los cambio, ya sabe para que no inviten a más copas de las que venden. Conozco a Jordi porque me dio muchos problemas.
- Cuando salía de la discoteca acudió otra pregunta a mi cabeza y gritando pregunté-¿qué bebía Jordi?
El gerente se me quedó mirando extrañado durante unos segundos y finalmente respondió- whisky- vaciló un instante – sí, seguro, bebía whisky Dic.

Me fui casa a casa tan emocionado por haber resuelto el caso que no me di cuenta de que había abandonado la discoteca cuando la fiesta no había hecho más que comenzar.

Al meterme en cama una cosa me daba vueltas a la cabeza, ¿porqué la tercera víctima había escrito DIC y no Jordi?. Todo parecía muy claro, pero todavía había algo que no encajaba.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Capítulo 15 - Miércoles 14 de Septiembre

Me desperté más tarde de lo normal en las últimas semanas, estaba relajado y tranquilo. En la conversación que sostuve con Gutiérrez y Vallejo, que hablaba a través del manos libres, llegamos a la conclusión de que Jordi era el candidato perfecto al asesinato y que probablemente tuviera problemas psicológicos debidos a una infancia que, según el dossier recopilado por Raquel, pasó entrando y saliendo del reformatorio, con un padre alcohólico y adicto al juego y sin madre, ya que esta murió durante el parto de Jordi, su único hijo. Probablemente el padre echase la culpa a su hijo de la muerte de su mujer y las palizas y vejaciones fueran constantes. Jordi pasó varias veces por la cárcel por incidentes menores, una pelea en un bar, una acusación de proxeneta, etc. Tenía el perfil psicológico adecuado para ser un asesino en serie, ahora sólo había que encontrar su relación con las otras víctimas. El móvil sin duda era la envidia por una niñez repleta de facilidades frente a las desgracias que tuvo que vivir él.

Jordi fue puesto en busca y captura, se controlaba la salida de personas por tierra, mar y aire. Su imagen se difundió en medios de comunicación locales y regionales.

Convoqué en la comisaría a los familiares de las otras víctimas para saber si conocían a Jordi o habían oído a sus hijas hablar sobre él, pero el resultado que obtuve fue negativo. Pasé entonces a un plan más tosco, pero que podía resultar, y de hecho así fue. Pregunté a cada una de las familias por separado los hábitos de ocio que tenían sus hijas, preguntas del estilo ¿le gustaba a su hija la lectura?, ¿el cine?, ¿el futbol?, ¿las discotecas?, ¿qué clase de discotecas?,¿alguna en concreto?, y aquí es donde encontré un punto en común de todas las víctimas. Todas ellas frecuentaban una conocida discoteca del centro de la ciudad, caracterizada por acoger a personas de alto nivel económico y con gustos nocturnos más bien extravagantes. Eran muchas las personas que acudían a ese local los viernes y sábados por la noche, pero que todas las víctimas coincidieran en él era de lo más significativo. Ahora sólo faltaba ir a la discoteca y descubrir si Jordi también era un cliente habitual.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Capítulo 14 - Martes 13 de Septiembre

Llevaba más de dos semanas trabajando sin descanso, la baja de Vallejo me obligaba a trabajar los fines de semana y a estar disponible todos los días para lo que pudiera surgir. Supongo que el jefe Gutiérrez había repartido los trabajos de menor relevancia con los de uniforme, ya que lo único a lo que me dedicaba yo era a buscar al asesino del tatoo.

Esa mañana salí pronto de mi apartamento y me dirigí a la dirección en la que vivía Jordi. Era una casa pequeña, de una sola planta y con aspecto deprimente. Él no estaba, así que aparqué en un callejón y me metí en un bar que había enfrente de su casa.
Mas que un bar era una taberna de barrio, con olor a vino malo y suciedad por todas partes. La dueña era una mujer alegre, que andaba de una lado para otro con una mandil puesto y el pelo recogido en una cola de caballo.
Mientras lavaba unos platos le pregunté por Jordi, y me dijo que era un buen chico, muy trabajador. Comento que sus padres murieron cuando él era pequeño y que había pasado la mitad de su vida en un orfanato. Una hora después la mujer me dijo:
- mire, ahí esta Jordi-

Era un muchacho delgado, con el pelo corto, ojos hundidos y barbilampiño. Dejé que entrara en la casa y luego me acerqué a la puerta. Era un día caluroso, pero llevaba puesta una cazadora de cuero bajo la que ocultaba el revolver.

Llamé a la puerta y sostuve en mi mano izquierda la placa mientras la derecha se introducía en mi cazadora tocando la culata de la pistola.
- Buenos días, policía- dije cuando abrió la puerta.
- Buenos días – respondió con cara de sorpresa.
- Quiero hacerle algunas preguntas sobre Laura- aún no había terminado de decirlo cuando mi cabeza golpeaba la acera tras haber sido empujado por el muchacho, que corría gritando con la voz desgarrada - ¡yo no lo he hecho!, ¡yo no lo he hecho!, yo la quería y cometí el error de apartarme de su lado y permitir que todo esto pasará. ¡no la he matado!, ¡¡la quería, la quiero!!.
Saque la pistola de la funda y apunté, pero yo nunca había disparado a nadie, así que la vista se me nubló y sentí un ligero mareo. Jordi escapó y aunque sus palabras parecían sinceras, el sentido común me decía que si fuera inocente no escaparía de aquella manera.

Cogí el coche y me marché a comisaría para comunicar al jefe Gutiérrez lo que había ocurrido. Por el camino intentaba dar vueltas a una posible relación de Jordi con las otras víctimas.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Capítulo 13 - Lunes 12 de Septiembre

Me desperté con un gran dolor de cabeza debido a la resaca, me di una ducha y mientras me secaba vi algo que hizo que la toalla cayese de mis manos y los músculos de mi estómago se pusieran en tensión hasta arrodillarme en la taza del water y hacerme vomitar lo poco que había cenado la noche anterior. El diablo sosteniendo el hacha estaba tatuado en mi ombligo. No podía creerlo, pero ahí estaba igual que lo sigue estando hoy en día.
Ese cabrón sabía dónde encontrarme, sabía quién era y podía haberme matado. ¿Por qué no me había matado?.

Fui a la comisaría y le dije al jefe Gutiérrez lo que había ocurrido. Noté la preocupación en su cara, pero me dijo que no podía abandonar.
- He llamado a Rial, el mejor de nuestros detectives, pero está en Nueva York y no podrá regresar hasta dentro de un par de semanas, así que debes aguantar chico. A partir de hoy tienes luz verde para tramitar todos los permisos que necesites y tienes a tu disposición a cualquiera de las personas en activo.

Salí del despacho algo más animado, pero nadie podía quitarme de encima el miedo que me provocaba el saber que el asesino me conocía. Pedí a Raquel que obtuviera información de cuántos hombres llamados Jordi habían llegado en los últimos dos meses.
Mi sorpresa fue que me dijo:- estaba esperando que me lo pidieras.
- ¿Qué?- respondí sin entender bien lo que me decía
- Gutiérrez me mandó buscar esa información el mismo día que conversaste con la madre de la primera víctima. Su nombre es Jordi Hernández Pau, 28 años, natural de Gerona y residente en Vigo desde 1993. Viajó a Brasil el 18 de Julio.
- Todo eso es muy interesante, pero no tiene ninguna validez para el caso.- dije girándome para salir de la comisaría.
- Sam- gritó Raquel- tu amigo llegó a Santiago de Compostela el 11 de Agosto procedente de Brasil en el vuelo de las doce de la mañana con escala en Madrid y alquiló un coche en el aeropuerto que fue devuelto en Vigo a las 14:45 horas.
Me giré hacia ella sorprendido y la interrogué con agresividad -¿dónde está ahora?.
Eso es cosa tuya, hay cosas que no se pueden hacer desde una oficina. - dijo serenamente.

Sonsacarle a la madre de Laura el domicilio de Jordi fue más difícil de lo que esperaba, era como si quisiese ocultar algo, proteger a alguien. Y sin embargo no creía que fuese a Jordi al que protegía, ya que cada vez que su nombre aparecía en la conversación su rostro se tornaba oscuro y el diálogo se convertía en una sarta de improperios hacia él.

Eran las 21:30 horas y me dirigía a la casa de Jordi que se encontraba en uno de los barrios más desfavorecidos de la ciudad. Sentía que por fin algo empezaba a tener sentido, pero la relación del Gironense con las otras víctimas era incierta. Escuché un aviso por radio que preguntaba por mi localización, miré la radio con miedo y un par de minutos después me dirigía hacía las playas, con la sirena puesta y la adrenalina superando todos los niveles permitidos. Otra chica, pero aún no había muerto. La muchacha vivía en un chalet adosado frente a la playa. Entré en la casa corriendo y, guiado por mis compañeros, subí las escaleras que llevaban al dormitorio. Todos se apartaron al verme llegar. Parecía que las órdenes del jefe habían llegado a sus oídos.

Había algo distinto, la chica está tapada por una sábana blanca empapada de sangre. Pregunté: -¿quién ha llegado primero?. Uno de los de uniforme da un paso adelante y me contesta:- yo señor. Recibí el aviso de que había llegado una llamada pidiendo ayuda, y me encontraba a un par de kilómetros de la zona.
-¿Porqué la has tapado?
- No la he tapado señor, estaba así cuando llegué.
Miré a la chica e intenté tranquilizarla con la mirada, aunque en aquella situación era difícil conseguirlo.
- No hables de momento, te voy a destapar pero no te voy a hacer daño. De acuerdo.- dije con lentitud.
Ella respondió afirmativamente con la cabeza con un gesto lento y cansino.
Retiré la sábana con suavidad y vi que no tenía el tatuaje. Volví a tapar a la chica y me acerqué a ella:
-¿Cómo estás?
- Un cura-. Un hilillo de voz salió de su boca antes de perder el conocimiento.
Me giré gritando, que venga rápidamente la ambulancia y traedme una cura.
- El padre Eneas ya está aquí señor, entró en la casa cuando vio el alboroto.- dijo el mismo hombre con el que había hablado antes.
El padre pidió un poco de tranquilidad y le dejamos sólo para que administrara la extremaunción a la muchacha.

La ambulancia llegó un par de minutos después, pero la chica había muerto. Recuerdo que me coloqué junto a la cama y comencé a hacerle el masaje cardiovascular con violencia. Jamás podré expresar lo que sentí en aquel momento. La chica había visto a su asesino y no me lo pudo decir.

Me senté en el suelo con la cara entre ellas manos y la espalda apoyada en una pared mientras veía como retiraban el cadáver y los especialistas tomaban huellas e intentaban buscar pistas sobre la escena del crimen. Sabía que no iban a encontrar nada, el asesino era muy cauto y no había cometido ningún error hasta ese momento.

El padre Eneas se sentó a mi lado y me preguntó si necesitaba ayuda espiritual. Le dije que todo aquello me estaba sobrepasando, aunque creo que él había tenido ocasión de verlo unos minutos antes.
- No sé cómo una persona humana puede hacer estas cosas Padre, cómo se puede llegar a esto.
- Los caminos del Señor son inescrutables hijo mío, debes ser fuerte y afrontar las cosas con firmeza.- respondió Eneas con una voz que transmitía paz.
- Siento que este mundo se derrumba a mi alrededor Padre, y que no puedo hacer nada para evitarlo. Hecho de menos a mi familia, y este caso me está matando.
- ¿Has leído la Biblia hijo mío?
- No, Padre.
- Pues léela, en ella están todas las respuestas, por muy complicadas que sean. Sólo hay que leer con fe e interpretar las lecturas en cada caso.

Hablar con el Padre era reconfortante, me hizo sentir tranquilo y en paz.... aunque sólo fuera durante unos instantes.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Capítulo 12 - Domingo 11 de Septiembre

Esa tarde apareció el cuarto cadáver, en las mismas circunstancias que los anteriores y con el tatuaje completo, en la cara de Sandra, que así se llamaba la chica, se veía la sorpresa de una vida cortada antes de tiempo.

Apenas había dormido en los días anteriores, y el cansancio se adueñaba de mí. Sin embargo no podía dormir, cada vez que cerraba los ojos veía la cara de aquellas chicas. Esa noche fui a un bar cercano a mi apartamento y comencé a beber hasta que mis sentidos quedaron anestesiados por el alcohol y perdí conciencia de lo que estaba haciendo y de lo que estaba pasando.

lunes, 25 de octubre de 2010

Capítulo 11 - Sábado 10 de Septiembre

La visita a la casa de las dos últimas víctima es un calco de la que hice a la de la primera. Una casa que denotaba alto poder adquisitivo, una escena dantesca y cero respuestas a mis preguntas.

Mientras conducía hacia la comisaría mi frustración iba en aumento, tres mujeres asesinadas en las mismas circunstancias, tres tatuajes iguales, tres familias que no permiten las autopsias, tres misterios enmarcados en un laberinto que no parece tener salida.


lunes, 18 de octubre de 2010

Capítulo 10 - Miércoles 7, Jueves 8 y Viernes 9 de Septiembre

Los tres días siguientes se me hicieron eternos, apenas tuve una salida para continuar la investigación y, por encima, las familias de las otras dos víctimas se negaron a recibirme. Decidí investigar el tatuaje y visité un conocido local de tatoos, piercing y otras modalidades de estética relacionadas con el tema. La tienda era muy oscuras, las paredes estaban repletas de dibujos que podían ser tatuados y había también pendientes de todos los tipos, formas y tamaños. El dependiente llevaba piercings por toda la cara y en sus brazos apenas había un trozo de piel sin tatuar. - Buenos días, quería que me diera su opinión sobre este tatuaje- pregunto mientras le enseño una foto.
- Esto no es una oficina de información, si quieres un tatuaje dímelo y si no lárgate- responde en un tono grosero.
Saqué la placa y se la puse delante de la cara mientras repito - Buenos días, quería que me diera su opinión sobre este tatuaje
- Bien, bien. Es un tatoo de una textura muy rugosa, sus colores no están bien compensados y hay gran cantidad de errores en el perfilado. Sin duda es la obra de un novato.
- ¿Conoce a alguien que tatúe de esta manera?
- No, las únicas personas que conozco en este mundillo son profesionales. Como le he dicho eso es obra de un novato.
                       
Salí de la tienda pensando en, por qué una persona que no sabe tatuar, toma tantos riesgos en la escena del crimen. Cuando me iba a subir al coche sonó mi móvil, era de la comisaría y me dijeron que habían encontrado a la asistenta y que tenían las órdenes de registro de las otras dos víctimas. Sentí que no era el único que estaba trabajando y eso me reconfortó ligeramente.

La asistenta vivía en un pequeño piso junto a su marido y su hija de siete años. Era una mujer de mediana edad, unos cuarenta años diría yo, su pelo era estropajoso y sus ojos mostraban a la que hace tiempo fue una hermosa mujer. Se notaba que estaba afectada por lo ocurrido con Laura, y lloraba sentada en un sofá enfrente a la silla en la que me encontraba sentado.
- Era una chica llena de vida, no entiendo por qué alguien quiso hacerle eso.
Con tacto comencé mi interrogatorio:
-          ¿Conoce el ambiente en el que se movía Laura?
-          No, yo tan solo iba dos días a la semana a hacer las labores de la casa
-          ¿Y su novio?, ¿conoce a su novio?
-          Si, Jordi era un chico muy impulsivo, aunque no creo que fuera él el que la mató, porque se fue hace unos meses del país.
-          Sabe por qué se marchó.
-          No, eso fue muy extraño porque estaban muy enamorados, sin embargo un día él hizo las maletas y se fue sin más.
-          ¿Laura le contó si discutieron por alguna razón?
-          No tenía tanta confianza con ella como para tratar temas personales, al fin y al cabo yo sólo era la asistenta. Pero sé que ella estaba muy afectada y confusa.
-          Siento tener que hacerle esta pregunta pero es mi trabajo, ¿dónde estaba usted el viernes 15 de Agosto entre las 21:00 y las 0:00 horas?
-          Estaba en mi casa, lo sé porque los viernes termino de trabajar a las siete y siempre estoy muy cansada.
-          ¿Había alguien con usted en su casa?
-          No, mi marido termina de trabajar a las dos de la madrugada porque es camarero en un restaurante del centro, y a mi hija la llevó todos los viernes con sus abuelos. Supongo que no pensará usted que yo…
-          No, tranquila. Tan solo es un requisito indispensable.
-          Hay algo que ella comentó durante una llamada telefónica que quizá pueda ser importante
-          Dígame- respondí intrigado
-          Discutía con su madre y le decía que su vida jamás volvería a ser la misma.

martes, 12 de octubre de 2010

Capítulo 9 - Martes 6 de Septiembre

A la mañana siguiente fui a visitar la casa de la primera víctima. Estaba en un edificio de apartamentos de lujo, rodeado de un gran terreno en el que se alternaban zonas de ocio con jardines y parcelas de verde césped. Subí a su apartamento, y me encontré con una decoración que denotaba un alto nivel económico. También me llamó la atención la extrema limpieza del lugar. Me chocó que alguien tan adinerado se dedicara a limpiar su casa con tanta pulcritud, por tanto me imagino que alguien iba a hacer la limpieza. El apartamento no tenía nada más que me llamara la atención excepto la habitación, en la que la escena del crimen está totalmente rodeada por una cinta amarilla.
                       
Salí al pasillo y llamé al portal de enfrente para preguntar si oyeron algo el día en que se cometió el crimen. Ni la señora ni su marido estaban en casa aquel día, pero sí descubrí que una señorita limpiaba la casa dos días a la semana, los lunes y los jueves. Por cierto esta primera víctima fue asesinada el viernes 15 de Agosto.
                       
Mis siguientes pasos serían visitar a la familia de la víctima y localizar a la chica de la limpieza. Lo primero fue fácil, ya que la dirección estaba incluida en el dossier que Vallejo me dejó sobre este primer asesinato.
     
A las afueras de Vigo en un chalet de dos pisos con un amplio terreno rodeándola vivían los padres de la chica. Abrí una pequeña puerta de metal que da acceso al jardín y dos grandes palmeras custodiaban el camino de adoquines que llevaba hasta la casa. Llegué a una robusta puerta de madera, de sauce me atrevería a decir, que era la entrada principal a la casa. Llamé al timbre y en unos segundos apareció una mujer de mediana edad, bien vestida y con aspecto de haberse pasado media vida en la peluquería.
- Buenos días, soy el teniente Sam del servicio de homicidios. Vengo a hacerles unas preguntas sobre el asesinato de su hija.
- ¿y el teniente Vallejo? - me dijo la mujer con cara de sorpresa.
- el teniente Vallejo ha tenido que dejar el caso y yo soy su sustituto.
- ¿no es usted demasiado joven para llevar un caso de esta índole?
“No está usted demasiado peinada y pintarrajeada como para haber perdido a su hija hace un par de semanas”, - pensé. Aunque lo que finalmente dije fue que no debía preocuparse por mi edad, que era un buen profesional y no tendría ninguna queja de mí. Algo pretencioso, pero correcto al fin y al cabo.
La señora me permitió entrar y ante mí se abrió un recibidor enorme con una gran escalera alfombrada que lo conectaba con el piso superior.
-Pase al saloncito - me dijo mientras extendía el brazo de una manera hospitalaria y acogedora. - ¿Quiere tomar algo?- preguntó. Respondí que no y me acomodé en un sofá que hacía una “ele”, en el medio del “saloncito” de setenta metros cuadrados.
Ella se sentó a mi lado y comenzó a decir:
- Ya he hablado de este tema con Vallejo y no me gustaría removerlo más, ya que me causa un gran dolor y mi psicólogo me ha recomendado que no lo toque durante un tiempo.
- Sólo serán unas preguntas breves, no le molestaré- respondí con delicadeza.
- ¿Por qué su hija no vivía con ustedes?
- Era una chica muy independiente,  así que hace un par de años se marchó.
- ¿Cree que alguna de las personas que conocía pudo haberle hecho eso?
- No, era una chica muy cariñosa, quizá excesivamente cariñosa-Estas últimas palabras salieron de su boca con una entonación que denotaba un cierto rencor, así que decidí darle otro giro de tornillo al tema.
- ¿Por qué demasiado cariñosa?
- Bueno, en fin, ya sabe. La juventud hoy en día vive en sueños y ve pajaritos donde no los hay.
- Un novio quizás.
- Sí. Hace un mes dejó el país para irse a Brasil.
- Podría decirme su nombre.
- Si, era un tal Jordi, aunque él no tuvo nada que ver con lo que le paso a Laura, él estaba muy lejos de aquí cuando todo sucedió. - Al final de la frase su voz se resquebrajó y sus ojos manaron con  timidez dos lágrimas que rápidamente secó con una pañuelo de seda.
Una última pregunta- dije en tono tranquilizador- ¿Por qué no deja que hagamos la autopsia al cadáver?
- No, ni hablar-  respondió con sequedad- no queremos que el cuerpo de mi hija sea tocado por nadie más.

Quizá fue una impresión mía, pero me daba la sensación de que mi pregunta había turbado aún más a la señora y que su respuesta sólo era verdadera a medias. En fin , el sexto sentido del detective, aunque yo ni siquiera sabía si estaba utilizando bien los otros cinco.
Me levanté dando por concluida la entrevista y le dije que haría todo lo posible por atrapar al asesino de su hija. La señora me acompañó hasta la puerta y justo antes de que la cerrara recordé algo, me giré y le pregunté:
- Tenía su hija alguna asistenta.
- Creo que sí. La contrató a través de una agencia de empleo, pero no sé ni el nombre de la mujer ni el de la agencia.
 
Durante mi recorrido en coche no se me quitaba de la cabeza que estaban quedando demasiados cabos sin atar en esta investigación, y que, sorprendentemente, parecía que nadie tenía intención de ayudarme a atarlos. Me fui a casa y después de una cena acompañado por la televisión conseguí conciliar el sueño.

lunes, 4 de octubre de 2010

Capítulo 8 - Lunes 5 de Septiembre

Un par de días después el jefe me llamó a su despacho, y al abrir la puerta lo encontré sentado junto a Vallejo y sosteniendo una taza de café humeante.
- Buenos días Sam, prepárate un café y siéntate.- Me dijo. Y así lo hice.
-¿De qué se trata jefe?- pregunté intrigado.- Serás un gran detective, tienes curiosidad y ganas de aprender. Sólo que tendrás que serlo ya. Vallejo abandona el caso por motivos personales ineludibles y el único teniente que nos queda eres tú,  por tanto, debes ocuparte del caso del Tatoo.-
-Pero...- intente hablar cuando el jefe me interrumpió- No hay nada más que hablar, el teniente te pondrá al día antes de marcharse.
Vallejo se levantó y me invitó a salir del despacho, a lo que, evidentemente, no me resistí.

Me senté en mi mesa y Vallejo se acercó con unos papeles.- Esta es toda la documentación del caso, aunque está incompleta.
-¿Cómo?- pregunté.
-He dicho que esta incompleta, no están las autopsias.
-¿Por qué?
- Porqué ninguna de las familias de las víctimas permitieron que se hicieran. Es extraño pero ninguna de ellas lo permitió.

Estaba cansado, pero antes de irme a la cama repasé de nuevo los informes y no dejaba de preguntarme por qué las familias de esas chicas no colaboraron para ayudarnos a descubrir quién le había hecho eso a sus hijas. Me dormí con este pensamiento en la cabeza.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Capítulo 7 - Sábado 3 y Domingo 4 de Septiembre

Ese fin de semana decidí ambientar un poco el estudio. Pegué algunos pósters de Los Beatles y coloqué una foto de mi familia y otra de mi novia sobre el televisor.

No había un ambiente muy hogareño, pero tenía que hacer que fuera lo más agradable posible.

El domingo fui al cine, y luego estuve tomando un refresco en la terraza de una cafetería de la Calle del Príncipe. Ésta era una calle peatonal en la que había músicos, mimos y toda clase de artistas urbanos.

Por la noche volvió a mi cabeza el caso de las chicas asesinadas y no logré conciliar el sueño hasta bien entrada la madrugada.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Capítulo 6 - Viernes 2 Septiembre

Al día siguiente debía seguir patrullando, pero el caso de Vallejo no paraba de darme vueltas en la cabeza. ¿Cuál era la razón por la que el asesino quería que los cadáveres se mostraran desnudos en sus camas? Y,  ¿qué significaba ese tatuaje?.

Decidí investigar el caso por mi cuenta en los ratos libres y, sin que nadie lo supiera entré en la sala de archivos de la comisaría y fotocopié los informes de las anteriores muertes. Todas ellas eran mujeres jóvenes, entre los 20 y los 25 años. Las tres habían muerto en las mismas condiciones y en las últimas dos semanas.
                       
Recurriendo a mis libros de investigación saqué la conclusión de que si había un asesino en serie, tenía que haber un motivo, un detalle que era común a todas las víctimas y que además era la razón de los asesinatos. !Efectivamente!, había una característica común en las chicas de la cual no me había percatado. Al revisar sus datos me di cuenta de que todas sus direcciones pertenecían a zonas privilegiadas de la ciudad, la primera vivía en un lujoso apartamento en la Avenida de Europa, muy cerca de las playas y las otras dos en el Monte del Castro. Esta dato unido al lugar donde encontramos el último cadáver me hizo pensar que el móvil de los asesinatos era el robo, pero en las escenas de los crímenes nunca faltó dinero ni objetos de valor, con lo que mi hipótesis terminó por los suelos.

Seguía en blanco y mi inquietud crecía al pensar que, de no encontrar algo pronto, otra chica sería asesinada y tatuada con un diablillo alzando un hacha.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Capítulo 5 - Jueves 1 de Septiembre

El cuarto día de patrulla día fue distinto. Alrededor de las once de la noche, mientras terminaba de cenar sonó mi busca. Llamé a la comisaría y me dijeron que acudiera rápidamente a una estancia situada en Cabo Estay, una zona de casas de lujo situada en la zona de playas.

Diez minutos después llegué a una casa de dos pisos con un pequeño jardín alrededor. Una patrulla estaba en la puerta y uno de los policías me dijo que había una mujer agonizando.             

Entré en la casa y subí una amplia escalera de piedra que llevaba al piso superior. Escuche la voz de un agente que decía:-Por aquí inspector. Me dirigí a la habitación de la que provenía la voz y al entrar descubrí una escena totalmente dantesca. Por la ventana entraba una tenue luz azulada y las cortinas se movían por la acción de un ligero viento que soplaba. Una mujer joven estaba tumbada en la cama, una sábana de seda gris tapaba su cuerpo a excepción de la pelvis y la cabeza. En su cuello podía verse un corte del que manaba sangre intensamente.- Está muerta, hemos llamado a un ambulancia pero ya está muerta- comentó el policía con un tono de voz en el que se dislumbraba la desesperación del momento. Me acerqué más al cadáver y pude ver, bajo su ombligo,  el tatuaje de un pequeño diablillo aguantando un objeto en el aire que no pude reconocer. Pregunté al policía qué era lo que aparecía en el tatuaje. Sonó una voz detrás de mí que decía:- Es un hacha. Me giré y vi a Vallejo de pie. Al apartarme del cadáver y dirijirme hacía él vi como la expresión de su cara cambiaba de repente y gritaba: -¡Está incompleto!. Sacó el arma de su cartuchera y mandó acordonar toda la casa. Me quedé perplejo y le pregunté qué era lo que estaba ocurriendo. Me explicó que el tatuaje estaba incompleto y que el asesino debió huir cuando llegaron los policías. Vallejo buscó por todas las esquinas hasta encontrar en un punto oscuro de la habitación una mancha de sangre en la pared. Me llamó y dijo: -¿qué te parece esto?.
- Supongo que el corte fue realizado en esa esquina y que luego la víctima fue llevada a la cama, pero ¿por qué?.
Vallejo me miro diciendo:- Porqué el asesino quería que todo el mundo viera el tatuaje y la forma en que ha matado a esta pobre chica. No ha sido la única, es la tercera víctima en poco tiempo. Todas son mujeres y  han sido asesinadas con el mismo modus operandi.

Llegó el forense y al mover el cadáver pudimos ver con claridad unas letras escritas con sangre en la sábana. Ponía DIC. Pensamos que podían ser unas siglas o que era una palabra a medio escribir.

Me marché a mi casa pensando en todo lo que había ocurrido Sabía que aquel era el caso de Vallejo, pero desde que llegué a aquella habitación algo había dado un giro en mi cabeza. Comencé a darme cuenta de que no podría dormir tranquilo hasta que todo aquello acabase.